viernes, 14 de mayo de 2010

El do sostenido (cuento multiautor)

Nunca supo distinguir el placer de la música de los otros placeres. Si disfrutaba del sabor de un sorbo de borgoña le recordaba los arpegios de ese violín inalcanzable, una mañana primaveral en el campo le evocaban las mejores sonatas que había interpretado, Pero aquello fue distinto, Sandro apareció en la orquesta, era el nuevo barítono. Los matices de su voz provocaron en ella sensaciones nuevas. Luego ocurrió y para ella fue la primera vez. Ahora esta desnuda delante de su piano, su mano gira incandescente una y otra vez, el teclado se nubla a veces, busca la nota definitiva en la humedad de su sexo, busca la voz de Sandro, el placer de la efímera y única vez que la penetró, nota como sube la escala y musical y al fin exhausta reposa sus manos sobre la tapa.

Miró la partitura y su dedo índice golpeó con suavidad un do sostenido en el piano y la nota quedó levitando en la habitación mientras reinaba el silencio. Por un momento le pareció que sus dedos cambiaban de color, del rosa pálido al ámbar, pero era la tarde noche que empezaba a colarse por la ventana, convirtiendo poco a poco la sala del piano en un espacio tenue, uterino, que predisponía a acomodarse en el butacón de cuero y dejarse, convirtiendo la sala del piano en algo más parecido a un saloncito de cine... Margarita dejó el piano en el rincón, la tarde comenzaba a transformar la luz y siempre tocaba el piano con la luz natural que se colaba por la ventana. Ya no recordaba desde cuándo mantenía esa costumbre tan peculiar, pero lo cierto es que hacía años que era así. Tenía el inicio de la melodía en la cabeza, pero se sentía incapaz de proseguir con el encargo que le había hecho la empresa de publicidad para la que trabajaba como freelance. ¡Cómo plasmar en 20 segundos el placer que sentía un ama de casa al preparar la nueva sopa enlatada!. Y ahí estaba el do sostenido ... insustituible. Como siempre que se sumía en estado de trance comenzó a dar vueltas al mechero que siempre le acompañaba en los momentos creativos. Su peso, tamaño y textura le traían recuerdos de la infancia ... ¡Vaya!, ¿quién será ahora?, pensó mientras sonaba insistentemente su teléfono móvil en el que se veía reflejado "Número Desconocido" ...

No hizo ademán de cogerlo. Resulta difícil irrumpir en el mundo ¡nterior de un artista cuando se encuentra abstraído. Cuando un artista se está inmerso en un éxtasis creativo, es capaz de atravesar las cosas con la mirada durante horas sin reparar en ellas, de escuchar el ruido sordo de un teléfono que insiste y no reparar en ello.

Margarita, que se encontraba en uno de esos momentos, por eso, se había servido del sonido del móvil para fundirlo con el batiburrillo de notas que tenía suspendidas en la cabeza.
Sopa enlatada, sopa enlatada…

Como tantas otras veces, trató de dejarse llevar, de desaparecer, de dar libertad a sus pensamientos para que tomasen el mando. Y se produjo la cadena creativa... sopa enlatada, sopa enlatada, riiiiiiing, riiiiiiiiing, do sostenido...¿qué estás haciendo con tu vida? Las espadas sarracenas cercenarán nuestra apatía, el consumismo y el conformismo nos están llevando a la bancarrota espiritual. Nueva revolución. Anarquía sensual. Fumamos cigarros como quien aspira la putrefacción social para asimilarla internamente hasta que reventemos.

Quedó entonces unos segundos en silencio. No silencio real sino mental... quietud. Unió todos los cabos hasta darse cuenta de que la melodía debía de ser de tonos fuertes, altisonantes, con ritmo marcado. El sonido debía comunicar a las amas de casa: “ eh, chica, sopa enlatada pero tú estás fuera libre para “rockanrolear”. En 5 minutos ya tenía compuesta la música del anuncio.

El móvil volvió a sonar y esta vez lo cogió:

- Marga, Sandro está aquí. Tienes que venir a buscarlo. Nunca lo había visto así. Por favor, ven. Quiere verte.

En ese momento no podía imaginar lo que su vida iba a cambiar por contestar aquella llamada.

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